Culturilla LOPD

He podido ratificar “en mis carnes” recientemente los bajos niveles de conocimento y la falta de concienciación que en materia de Protección de Datos se sigue demostrando actualmente. Además la coyuntura de crisis no ayuda, puesto que la solución más fácil para este mal endémico de la mayor parte de las organizaciones: formación, es caro.

Reflexionando, me doy cuenta de que hay transcurrido ya 20 años desde la aprobación de la primera norma reguladora de esta materia y 13 desde la actual LOPD, pero es mucho el nivel de desconocimiento aún imperante en nuestras organizaciones, ya sean estas de ámbito público o privado.

El ámbito privado no tiene disculpa, puesto que gran parte del riesgo de la seguridad de una empresa se centra precisamente en el desconocimiento de la normativa, simplemente una conducta negligente o mala fe (fuga o robo de datos) y le puede conllevar la comsión de una infracción y la imposición de la consiguiente sanción pecuniaria. El ámbito público es si cabe más grave, pues se trata de que los empleados públicos -que gestionan nuestros datos- lo hagan de la mejor manera posible y hagan buen uso de los recursos económicos financiados, en gran parte, por la ciudadanía.

Y esto me recuerda el sorprendente comentario que un empleado público nos hizo un día en una visita que le realizamos un compañero y yo misma. Al agradecerle su atención él nos contestó: – No tenéis que darme las gracias, es mi obligación! La ciudadanía me paga para que atienda los asuntos públicos y de interés para esta Administración.

Huelga decir que la mayor parte de los empleados públicos, hacen un tratamiento lógico y prudente de los datos de los contribuyentes, en función de las necesidades de su puesto, pero siempre queda un tanto por ciento (como en cualquier esfera de la vida) con un perfil descuidado, cotilla, cínico, “pasota” o “que se piensa por encima del bien y del mal”.

Es este tanto por ciento al que hago referencia, puesto que muestra un desconocimiento irrespetuoso con la ciudadanía y con la persona que se encarga de realizar las funciones de Responsable e Seguridad, jactándose incluso de “el rollazo que supone este tema”, minusvalorando la labor de consultores y auditores contratados con un objetivo por la misma Administración que a ellos les paga su jornal y que son tan trabajadores como ellos; haciendo comentarios en contra el legislador que elaboró la normativa vigente tachándola de “tener pretensiones demasiado amplias” para el fin pretendido y de querer estar en todos los saraos”…y lo que a mí más me revienta aquellos que se jactan de no tener datos personales (aunque posteriormente se compruebe que se incluyen hasta datos especialmente protegidos) y que tienen “otros asuntos más importantes que el de protección de datos”. Lo peor, es que para este grupo, la formación no es suficiente, sino la atribución directa de responsabilidades por una actuación indebida o dejación negligente.

Esta reflexión acaba concluyendo con la observación de que no todas las leyes ni los derechos, por muy fundamentales que sean, calan de la misma forma en los responsables de cuidarlos. Es este, un ámbito más que la sociedad deberá pelear como un derecho a defender en todas las esferas, pública y privada, haciéndolo valer y sacando los colores a este porcentaje de “no-concienciados”. Saliendo del letargo idiotizador (“idiotizar” según la RAE: Hacer que una persona actúe como si no tuviera inteligencia o criterio propio) en que nos hemos visto envueltos desde los años 90.

 

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