A la carga tras el período estival…

Este otoño viene cargado de noticias que nos recuerdan la fragilidad de nuestra privacidad y de nuestros datos personales.

Así vemos noticias jugosas como la reciente divulgación e intromisión ilegítima en la vida íntima de más de un centenar de famosas, las cuales han visto cómo la existencia de algún agujero de seguridad  en el servicio de almacenamiento en la nube iCloud, ha podido ocasionar que un «hacker» accediera a las imágenes de este centenar de famosas, almacenadas en sus dispositivos móviles y posteriormente han procedido a su publicación en Internet.

Por otra parte, vemos cómo ni los presos ingleses, en este caso londinenses, escapan a un incorrecto tratamiento de sus datos personales (entre ellos, datos de comisión de delitos, datos de penas impuestas, etc.) derivada de una incorrecta gestión y cifrado de las copias de seguridad que almacenaban dicha información.

Y, para continuar, se genera un nuevo giro interpretativo por parte de la jurisdicción penal del Tribunal Supremo en el que establece en una reciente sentencia la imposibilidad de utilizar como prueba válidamente obtenida la del e-mail de un empleado, aportada por una empresa en la esfera penal, es decir fuera del ámbito laboral.

En la jurisdicción penal, el acceso a dichos correos electrónicos corporativos por parte de la figura del empresario, no se considerarán pruebas válidas puesto que se vulnera lo dispuesto en el art. 18 CE el cual establece expresamente que “se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, el de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”.

 

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